El mercado de combustibles en la Argentina comienza a mostrar señales de transformación impulsadas por la creciente brecha de precios entre las naftas, disparadas por el aumento del petróleo en el mundo, y el gas natural comprimido. En marzo, las conversiones de vehículos a GNC alcanzaron las 7.379 unidades, el nivel más alto desde julio de 2022, lo que refleja un fuerte cambio en las decisiones de consumo tanto de usuarios particulares como de empresas.
El crecimiento no solo fue significativo en términos interanuales, con un salto del 70%, sino también en la comparación mensual, con un aumento del 40% respecto de febrero. Este comportamiento confirma una tendencia que se viene consolidando en los últimos meses y que responde, principalmente, al encarecimiento sostenido de los combustibles líquidos.
El diferencial entre el precio de la nafta y el GNC se convirtió en el principal factor detrás del crecimiento de las conversiones. Mientras la nafta súper supera los $2.000 por litro a nivel país, el metro cúbico de GNC se ubica en torno a los $790, generando una diferencia significativa en el costo por kilómetro recorrido.
A esto se suma una ventaja técnica clave: el rendimiento del gas, donde un metro cúbico equivale a aproximadamente 1,13 litros de nafta. Esta relación amplifica el ahorro potencial y refuerza el atractivo del GNC como alternativa de movilidad.
Ignacio Barousse, gerente de Nuevos Negocios de Gasener, explicó al portal Surtidores que “el nivel de conversiones de marzo es el más elevado desde julio de 2022” y atribuyó esta dinámica al encarecimiento de los combustibles tradicionales. En ese sentido, remarcó que la brecha de precios se volvió determinante en la decisión de los usuarios.
Ahorro directo y rápida amortización
El impacto económico para los usuarios es uno de los principales motores del cambio. Según estimaciones del sector, un automóvil que recorre unos 2.000 kilómetros mensuales puede generar un ahorro cercano a los $260.000 por mes utilizando GNC.
Este nivel de ahorro permite recuperar la inversión de la conversión en un período inferior a seis meses, lo que acelera la adopción incluso en un contexto de incertidumbre económica.





































