La petrolera Phoenix Global Resources avanza con un ambicioso plan de inversión de u$s6.000 millones en Vaca Muerta, en una jugada que refuerza el perfil exportador del shale argentino y consolida al sector energético como uno de los principales motores de generación de divisas para la próxima década.
El proyecto, que será presentado formalmente para su inclusión en el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), busca aprovechar los beneficios fiscales y la estabilidad regulatoria que ofrece el esquema impulsado por el Gobierno. La compañía prevé desplegar su estrategia en distintas etapas, con foco en la expansión de su capacidad productiva y el desarrollo de nuevos activos en la Cuenca Neuquina.
La decisión de avanzar con este nivel de inversión está directamente vinculada al nuevo marco regulatorio. Desde la compañía destacan que el RIGI introduce condiciones que mejoran la previsibilidad del negocio, un factor determinante para proyectos de largo plazo como los del shale.
El CEO de Phoenix, Pablo Bizzotto, señaló en una entrevista con Bloomberg que el régimen permite operar con estándares similares a los de economías desarrolladas, al reducir la incertidumbre normativa y garantizar reglas de juego estables. En un sector intensivo en capital, donde los proyectos requieren años para madurar, este tipo de condiciones resulta clave para destrabar decisiones de inversión.
La ampliación del alcance del régimen a actividades de perforación abre además una nueva etapa para el desarrollo de Vaca Muerta, al permitir acelerar el ritmo de explotación y ampliar la escala de los proyectos.
Expansión operativa y salto en producción
El plan de Phoenix contempla el desarrollo de nuevas áreas en el sector oriental de la formación y la posible incorporación de activos adicionales dentro de la cuenca. En paralelo, la empresa evalúa sumar un tercer equipo de perforación, lo que le permitiría incrementar la velocidad de desarrollo de sus bloques.
Según explicaron desde la compañía a Energy Report, la proyección de crecimiento es significativa. Apunta a aumentar su producción en un 260% hacia el final de la década, partiendo de niveles actuales cercanos a los 22.000 barriles diarios. Para 2030 espera alcanzar los 66.000.
Este salto productivo se inscribe en una estrategia orientada a capturar la creciente demanda global de energía y posicionarse como proveedor relevante en los mercados internacionales.
Infraestructura y exportaciones: la clave del modelo
El crecimiento de la producción está directamente vinculado a la capacidad de evacuación y exportación. En ese sentido, Phoenix continuará apoyándose en la red de transporte de crudo de Oldelval, que recientemente amplió su capacidad y permite canalizar mayores volúmenes desde la Cuenca Neuquina hacia los puertos de salida.
La expansión de esta infraestructura resulta central para sostener el perfil exportador del sector. A medida que aumenta la producción de shale, la posibilidad de colocar esos volúmenes en el mercado externo se convierte en el principal driver de ingresos en dólares. (EcoJournal).








































